Gasolina

Hoy me apetece compartir como son las noches en las que tu te vas a casa y yo me quedo aquí, pensándote, echándote de menos. Lo primero de todo es el olor. Tu olor se queda impregnado en mis manos. Supongo que será de tanto acariciarte, de manosearte todo el cuello con suavidad una y mil veces. Y mil dos veces… Me encanta. Me llevo la mano a la cara, inspiro fuerte, cierro los ojos y puedo sentirte tan cerquita. Hago todo lo que sea porque permanezca conmigo, hasta dormirme si es posible.

Si un día, como hoy, te vas y no sé que estás haciendo o si has llegado con buenos pensamientos a tu cama… no puedo evitar escribirte. En un primer momento me intento controlar, pienso en los millones de motivos por los que no debería escribirte un mensaje o llamarte. Y funcionan… al principio. Yo me concentro o pretendo concentrarme en cualquier otra cosa para reprimir las ganas. Pero, poco a poco, como el típico monstruo marino de cualquier película de terror, va saliendo a flote un sentimiento que no se puede controlar. Y me pongo en contacto contigo de la manera que mas apropiada considero en ese momento, sintiéndome culpable por ser pesado y a la vez aliviado. A veces contestas, a veces no. A veces espero contestación, a veces no.

Las ideas y pensamientos se agolpan en mi cabeza. Preguntas y preguntas sin respuesta, o que yo no me puedo auto responder. Si te habrá pasado algo, si te pasará, si… Y sobretodo, inquietud por saber que recorre el interior de tu cabecita. Que rayos pasará por ahí, y por tus sentimientos. Ideas, como que en realidad mis palabras solo te producen pesadumbre porque tu no sientes lo mismo que yo y no sabes como decirlo. Que tienes que pasarme de página, y no sabes que forma usar para no hacerme daño. Que te pasa yoquesequé que yo no sé… Muchas. La idea de que te ahorras palabras para ahorrarte hacerme daño, y me lo estoy haciendo yo por pensar eso. Grandes películas mentales.

Mas, si hay algo que puede resumir todo eso, es el miedo a perderte. Al abrigo de la luna (cuando la hay) y de la oscuridad (cuando no hay luces), pienso en que no quiero perderte. En que, por alguna misteriosa razón, cualquier mínima cosa que te ocurra en la vida tiene la capacidad de producir en mi un terremoto. Una especie de ‘efecto mariposa’ algo tergiversado. Y me planteo el poder que tengo sobre tu vida, odiando la idea de hacerte daño en cualquier sentido, llegando incluso a sentirme mal a veces. Un miedo inerte, imposible de definir, que siempre estuvo ahí pero últimamente a cobrado fuerza. Me pregunto si me cuentas, contarás o contarías las cosas que te pasan o pasaran. Todo. O al menos todo lo que yo te contaría. Solo así, creo, podría llegar a calmarlo.

Y sigo imaginándote, imaginando todo lo que me gustaría darte, todas las nuevas cosas que me muero por enseñarte. Repitiéndome ideas inocuas, reflexionando sobre si acaso no es demasiado poco lo que puedo ofrecerte. Si acaso no te mereces mucho mas. Luego viene la vena realista y me dice que para la edad está bien, incluso bastante bien. Pero tu y yo no somos realistas, porque tu y yo no somos reales. Eso es algo objetivo. Lo que tu me produces es un milagro, algo sobrenatural… Asi que si dicen que los milagros no existen, nosotros tampoco.

Siempre me han hecho mucho daño las parcelas de tu vida que no conozco. Mi tendencia autodestructora hacia maldades con ellas. En cierta medida lo siguen haciendo, pero he aprendido a controlarlas dentro de lo posible. El hecho de que yo no sea tu novio hace que mi deseo de posesión, de quererlo todo se pueda calmar pensando simplemente ‘eh, no sois pareja, relájate’. Ya ves, los pensamientos más tontos siempre son las soluciones mas fáciles. Lo había conseguido, el moderarme en mis impulsos y los había cuasi eliminado… pero un rato contigo como el de esta noche es imposible de eliminar. Tu cara mirándome, tus manos posándose suavemente sobre mi, el roce con tus piernas y el vaivén continuo de tu respiración, permanecen junto a otras miles de cosas perfectamente imperfectas dentro de mi cabeza. Y son mi mejor tratamiento para cualquier adversidad, son la mejor gasolina. Tu me mueves.

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Published in: on marzo 2, 2008 at 9:54 pm  Dejar un comentario  
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